viernes, 28 de octubre de 2016

"Tu nombre significa pan, paz, libertad", poema dedicado a Stalin por una trabajadora rumana

El triunfo del Ejercito Rojo en la Segunda Guerra Mundial contra el capitalismo y el nacimiento de la República Popular Rumana provocaron una ola de entusiasmo entre los trabajadores rumanos, que se entregaron a la transformación de la sociedad y a construir el Socialismo.

Scanteia, 4 de diciembre de 1949
En aquellos años el diario Scanteia (La chispa), periódico del Partido de los Trabajadores Rumanos (PMR), nombre adoptado entonces por el Partido Comunista tras la alianza con el resto de partidos democráticos, publicó muchas de las muestras de aquella euforia de la clase trabajadora, emancipada y dispuesta a participar en la dirección y el avance hacia el comunismo de su país.

El siguiente poema fue publicado el 4 de diciembre de 1949, y muestra el agradecimiento de una trabajara textil rumana, en representación de los trabajadores rumanos, en especial de las mujeres, a sus hermanos y hermanos soviéticos, que abrieron el camino en octubre de 1917 para la liberación de los trabajadores de todo el mundo y, por ende, al hombre que encarnaba y representaba tanto sus esfuerzos como su victoria, y cuyo nombre, como afirma la autora, la obrera Petra Dițu, significó para millones de obreros y campesinos rumanos "pan, paz y libertad".

TU NOMBRE SIGNIFICA PAN, PAZ, LIBERTAD
(Petra Duțu, trabajadora textil)

Mi amor es demasiado grande
"Por la paz", obra del rumano Jules Perahim, de 1950,  que representa
el afecto de los trabajadores de todo el mundo a la
Union Soviética y a Stalin
para que entre en una pequeña carta.
Un manojo de mi amor, algunas líneas,
palabras latentes bajo millones de ideas.

Para que todo lo que yo siento entre en un escrito
me harían falta gigantescas fábricas de papel,
libros enormes, que no cabrían en decenas ni en miles de bibliotecas.

¿Hablarte sobre el pasado?
Es demasiado negro, como tú sabes.
Ha dejado huellas profundas, caras crispadas,
no se pueden olvidar fácilmente, aunque estén curadas hoy.

Como yo, mucho han sufrido millones de mujeres
hasta la llegada del día de la alegría.
El gran júbilo que nos trajo tu ejército
que nos ofreció el Partido,
conquistando la libertad sobre los muros de las cárceles derribadas.
Nos lo dio tu lucha al frente de millones de trabajadores,
camarada Stalin.

Camarada Stalin,
para mí tu nombre significa
pan, paz, libertad
significa el futuro de mis hijos.
¿Te escribo sobre mí,
sobre la mujer que no ha sabido de libros
de la mujer que ha vivido pisoteada?

No; hoy te escribo sobre la mujer nueva, combativa,
sobre la mujer trabajadora, invencible,
que maneja la manivela, el arma
con la que supera la producción planificada.
Y los hechos crecen, la victoria se alza,
forjando para mi república, con mi trabajo, 
una nueva vida.

Mis actos, mi felicidad,
la patria, el partido, la libertad,
tú me enseñaste a amarlos,
a defenderlos, a honrarlos.

Camarada Stalin,
con motivo de tus 70 años de lucha
te envío esta carta.
La he llenado con mi reconocimiento,
con el amor de una madre que combate
por la victoria de la paz entre los pueblos.

La traducción es de Un Vallekano en Rumania (VKR)

jueves, 27 de octubre de 2016

Poder minero: Huneadoara en la Rumania socialista

Hunedoara fue la capital de la zona minera del Valle del Jiu, en los Cárpatos Occidentales de Rumanía, paso montañoso entre Oltenia, en el sur, y Transilvania, en el norte del país, Hay constancia de explotaciones mineras desde la Dacia romana, pero la época de más producción fue, sin duda, la que va desde 1950 hasta 1990, es decir, la de la Rumania socialista.

Hace dos décadas, en la Rumanía Socialista, había mas de 200.000 mineros en el Valle del Jiu, una de las principales cuencas carboníferas de toda Europa Centro-Oriental. Se trataba de una de las regiones mas poderosas desde el punto de vista económico del pais y una en la que tenían mayor fuerza de las organizaciónes obreras. De hecho, la gran marcha minera desde el Valle del Jiu hacia Bucarest en  1999 fue considerada „la mas importante lucha obrera de Europa Oriental” tras la caida de la URSS (Luis Gurevich, „Huelga revolucionaria en Rumania”, en Prensa Obrera, n616, 4-02-99). Aunque la maquinaria de propaganda convirtiera el movimiento en una „marcha antidemocratica”, como se puede comprobar en el articulo de El Pais del 22 de enero de 1999, donde incluso tachan a Miron Cozma, el líder de los mineros, de „ultraderechista” (a pesar de que en las anteriores "mineriadas" (nombre con el que se denominaron en Rumania a las protestas mineras de los años 90) se le acusaba de „comunista", la realidad es que los mineros del Jiu representaron el último intento de enfrentarse al golpe de estado capitalista de diciembre de 1989.

En Huneadoara y las ciudades de la región, la minería era la actividad principal hasta el golpe de estado que restauraría el capitalismo, tras el cual la decadencia de la región y el empobrecimiento de la población provocó un éxodo masivo de trabajadores y el cierre, abandono y destrucción de fábricas, minas y todos los servicios relacionados.

A pesar de las continuas campañas anticomunistas que han pretendido criminalizar  lo que la mayoría de los rumanos consideran todavía sus años de mayor bienestar, los de la República Popular Rumana (1948-1965) y la República Socialista de Rumania (1966-1989), y del metódico deterioro, censura o manipulación sobre los éxitos, logros y creaciones artísticas del socialismo, en las regiones, donde los trabajadores tenían más presencia, como Huneadoara, todavía quedan, entre la ruina general conscientemente provocada por las potencias coloniales que se hicieron con el control de Rumania desde los 90 con el fin de convertir el país en una bolsa vacía para llenarla de las mercancías de sus multinacionales, algunos restos de aquellos tiempos en los que las fábricas, el trabajo, en definitiva, la clase obrera, eran la protagonista de la producción y de la construcción del país y, por ende, también del arte y de la cultura de la época.

Hunedoara, pues, aparte de otros monumentos turísticos de atracción internacional, como el Castillo de los Hunyadi, dinastía de la que saldrían algunos reyes de Hungria, era uno de las zonas de Rumanía donde el homenaje a la clase trabajadora estaba más presente y, de igual modo, donde más restos quedan en la actualidad de lo que, para la mayoría de los cada vez más escasas familias mineras que quedan en la zona, aquellos eran tiempos de gloria.

Compartimos a continuación algunos ejemplos:

Fresco en la estación de Hunedoara

Otro fresco en la estación
Monumento a los obreros siderúrgicos, en Hunedoara





Mural en Vulcan
Homenaje al minero en Lupeni

Monumento homenaje a las víctimas de la huelga minera de Lupeni, en 1929
Depósito de carburante en el Valle del Jiu

Bajorrelieve de la entrada de la antigua mina de Aninoasa, cerrada en 2006





Mural del Partido de los Trabajadores rumanos (nombre del Partido Comunista de Rumania durante la
República Popular Rumana) de 1948, en una carretera del Valle del Jiu
Placa conmemorativa a las víctimas de las huelgas mineras. Por supuesto, la placa
fue retirada tras el golpe de estado de diciembre de 1989
Monumento a los mineros estajanovistas de Uricani


domingo, 23 de octubre de 2016

Mapa figurativo del Bucarest de finales de los setenta

El "Mapa figurativo de Bucarest" del que hablamos en esta entrada nos muestra los principales edificios y lugares de interés de la capital rumana en la época de su realización, que, según los monumentos que aparecen representados, debe de ser la de los inicios de la Republica Socialista de Rumania, en los años 70, tras la construcción del Hotel Intercontinental, en 1971, pero antes de la construcción de la Casa del Pueblo, que no aparece en el mapa, y que se empezó a elevar en 1983.

Imagini pentru bucurest socialistaSea como fuere, el mapa nos muestra todos los puntos reseñables de la capital de la República Socialista Rumana, incluyendo algunas de las principales fábricas de la capital, que el comunismo había convertido en base importante del desarrollo de la nación (y que hoy son en su mayoría solo ruinas), y de las que tanto el partido como los propios trabajadores estaban orgullosos. Ademas, se marcan  los barrios que habían sido convertidos recientemente en lugares de residencia, modernos y con todos los servicios necesarios, dentro del plan de vivienda socialista que persiguió desde el principio garantizar a todos los trabajadores una vivienda digna y accesible con acceso a todas las necesidades básicas: alimentación, cultura, trabajo, deporte y ocio.

Tambien aparecen los centros deportivos, actividad bien cuidada por el Socialismo rumano como parte integral del desarrollo del trabajador, además de los monumentos históricos del centro de Bucarest. Como se puede apreciar, los edificios y lugares reseñados son todos civiles, y no aparece ninguna torre de iglesia, tradicional símbolo de la explotación de la burguesía, que, en todo caso, deben interesar solamente a los creyentes, y no ser financiados ni publicitados por el estado (es decir, se trata de un mapa laico).

Aunque se trate de un mapa ya antiguo, puede servir todavía de guía a los interesados en visitar Bucarest y, especialmente, a los que quieran rescatar la Rumania de antes del golpe de estado de diciembre de 1989. La estructura de la ciudad sigue siendo hoy prácticamente la misma, con la diferencia de que de la mayoría de las fábricas socialistas solo quedan escombros, de que las infraestructuras y los servicios están bastante peor cuidados ,y de que, sobre todo, un elemento esencial del paisaje de la Rumania capitalista sean los pensionistas mendigando en las calles o que existan cientos de hombres viviendo en las alcantarillas (ambas cosas impensables en la Rumania Socialista, igual que el mismo concepto de desempleo o que más de tres millones de rumanos hayan huido del país para poder tener un trabajo, después de la destrucción de 4 de los 8 millones de puestos de trabajo existentes en 1989).

Pulsar en la imagen para ampliar.

Los edificios y lugares que aparecen en la leyenda son los siguientes:

1-Comité Central del Partido Comunista, Consejo de Estado y Sala Palatului (lugar que se utilizaria despues como lugar de reunion de la Gran Asamblea Nacional).
2-Consejo de Ministros (gobierno)
3-Gran Asamblea Nacional (antiguo Palacio de la Patriarquia ortodoxa, utilizado tras la instauracion de la R.P.R. como parlamento)
4-Universidad de Bucarest
5-Teatro Nacional
6-Television Rumana
7-Casa Scantei (edificio regalado por el gobierno sovietico similar al de la Universidad Lomonosov de Moscu)
8-Opera rumana
9-Circo estatal
10-Museo de Historia de la Republica Socialista de Rumania
11-Museo de Historia del Partido Comunista Rumano y del movimiento revolucionario y democratico de Rumania.
12-Museo Enescu
13-Corte Vieja (antiguo Palacio de los domnitores de Valaquia)
14-Arco del triunfo
15-Monumento de los heroes de la lucha por la libertad del pueblo y la patria y por el Socialismo 16-Monumento a los heroes de la patria
17-Museo de los pueblos de Rumania
18-Aeropuerto Baneasa
19-Gara de Nord (estacion central de ferrocarril)
20-Ministerio de Transportes (Palacio CFR)
21-Fabrica de Confeccion y Tricotaje "Bucaresti"
22-Fabrica "Republica"
23-Fabrica "23 de agosto"
24-Fabrica "Automatica"
25-Hospital Fundeni
26-Hospital de neurocirujia "Gheorghe Marinescu"
27-Centro Comercial "Unirea"
28-Centro Comercial "Obor" y mercado Obor
29-Recinto de Exposiciones "Scanteia"
30-Hotel Dorobanti
31-Hotel Intercontinental
32-Parque Cismigiu
33-Sala de deportes Floreasca
34-Sala Polivalente deportiva del Parque Tineretuli (de la Juventud)
35 a-Estadio del Dinamo de Bucarest
35 b-Estadio Nacional "23 de agosto"
35 c-Estadio "Republica"
36 a- Nuevo barrio residencial de Drumul Taberei
36 b- Nuevo barrio residencial de Soseaua Giurgului
36 c- Nuevo barrio residencial de Berceni
36 d- Nuevo barrio residencial de Balta Alba
36 e- Nuevo barrio residencial de Colentina Pantelimon

Por ultimo, y para completar la visión de la Bucarest de finales de los años 70, a continuación se podrá ver un video con imágenes de la ciudad, con algunos de los edificios que aparecen en el mapa:

viernes, 21 de octubre de 2016

Discurso de Alexander Batov, representante del Komsomol (b) en la reunión de la juventud comunista en Grecia

El siguiente discurso fue pronunciado por Alexander Batov, representante del Komsomol (bolchevique),  de la Juventud Revolucionaria Rusa (b), las juventudes del Partido Comunista Obrero Ruso,, en el seminario que reunió a la juventud comunista en Grecia el pasado 23 de septiembre, con el tema "Compartiendo experiencias de lucha contra la barbarie capitalista. El papel de la vanguardia".

!Estimados compañeros!

Les damos las gracias, en primer lugar, por la invitación al seminario. Este
es un evento importante para nosotros.

Nos gustaría compartir con ustedes nuestras experiencias y opiniones acerca de la situación en Rusia. Algunas organizaciones comunistas de Europa tienen una concepción errónea al pensar que la Rusia burguesa moderna tiene algo que ver con la Unión Soviética, que el presidente Putin está inmerso en una lucha anti-imperialista contra los EE.UU. y la Unión Europea,

De hecho, Rusia tiene algunas contradicciones con otros países, pero mucho más en común: comparten sistema económico, el capitalismo.

En Rusia hay un proceso de política anticomunista. Aunque es verdad que las autoridades rusas no han destruido demasiados monumentos soviéticos, en el plano ideológico si que han desplegado una campaña anticomunista masiva. Lo vemos en las películas financiadas por el estado, en los libros, los medios de comunicación. Donde la propaganda anticomunista directa es ineficaz, se utilizan otros métodos. Por ejemplo, debido a una actitud generalmente positiva hacia Stalin en la sociedad rusa, la propaganda burguesa lo presenta como a un monarca, un nacionalista ruso, un hombre religioso, etc. Nuestra organización intenta llevar a cabo diferentes acciones para dejar al descubierto las descaradas mentiras.

 Por ejemplo, los activistas de la Unión de Juventudes Comunistas, en Leningrado y otras ciudades, realizan campañas de pegada de carteles en el transporte público con citas reales de Stalin. También proponemos una campaña contra el cambio de nombre de las estaciones de metro, llamadas así en honor de los activistas bolcheviques.

Pero la burguesía sigue avanzando sin pausa. Este año en San Petersburgo, el Ministro de Cultura de Rusia, Vladimir Medinsky. del partido gobernante Rusia Unida, inauguró una placa en memoria del presidente de Finlandia, Carl Mannerheim, cómplice de Hitler, que ordenó a las tropas finlandesas llevar a cabo un bloqueo de Leningrado, por su zona norte, que mató a millones de ciudadanos soviéticos.

Al mismo tiempo, mientras las autoridades en términos generales cada año celebran el Día de la Victoria el 9 de mayo, la esencia de la Segunda Guerra Mundial, su carácter de clase, el papel del Socialismo y el Partido Comunista para vencer al fascismo, son completamente ignorados y censurados.

En los últimos años, en especial debido a los deseos del capital ruso, se utilizan activamente los símbolos soviéticos para alcanzar sus objetivos de política interna e internacional. Esto está bien ilustrado por la preparación del Festival Mundial de la Juventud y de los Estudiantes que se celebrará en Rusia en octubre de 2017. El Comité Nacional Preparatorio de Rusia está dominado por los estudiantes progobierno y otras organizaciones anticomunistas, mientras que el Konsomol (b) es la única organización de Rusia que aboga por la naturaleza progresista del festival, y lucha contra los intentos del gobierno y de la burguesía de tranformarlo en un escaparate del imperialismo ruso. El gobierno tiene la intención de que el evento promueva las ideas de "colaboración de clases" y "un mundo multipolar", con el objetivo de que la juventud rusa consolide el régimen capitalista que sufrimos, así como para servir a los intereses de política exterior de la oligarquia capitalista. .

En general, las condiciones de la lucha de clases en Rusia son duras, sobre todo después de las recientes elecciones parlamentarias. El nuevo parlamento ha girado todavía más hacia la derecha, se ha vuelto más reaccionario, tras obtener el partido gobernante una nueva mayoría.

El poder está elaborando activamente nuevas leyes represivas, que en el futuro podrían afectar a nuestro partido. Sin embargo, nosotros, los comunistas, no tenemos ninguna intención de abandonar abandonar la lucha.

!Vamos a luchar contra el régimen burgués cualquiera sean las condiciones!

Atenas, 23 de Septiembre de 2016

jueves, 20 de octubre de 2016

Tres hermanos rumanos en las Brigadas Internacionales

Se puede decir que el caso de los hermanos Minor es el único en la historia de las Brigadas Internacionales, junto con el de los daneses, Herald, Kay y Aage Nielsen, en el que tres hermanos, miembros de una misma familia, lo dejaron todo en su país para marchar a España a combatir el fascismo. Todo un ejemplo de solidaridad internacionalista para la indiferente, desmovilizada e individualista juventud actual por parte de unos jóvenes comunistas que no dudaron en viajar a más de 3000 kilómetros de su familia para luchar contra la amenaza a la humanidad que era y es el fascismo.

Los rumanos Danila, Alexandru y Iosif Minor nacieron en una familia minera, en la zona montañosa de Hunedoara, y desde su juventud tuvieron una actividad sindical y política dentro de los movimientos comunistas.

Su padre, Iosif Minor, fue un minero de la región de Lupeni y Vulcan, y junto a su mujer Iuliana, llevaron una vida difícil llena de privaciones. Tuvieron 8 hijos (siete varones y una niña), y el primero de ellos cayó en los combates de la Primera Guerra Mundial, en la que fueron obligados a participar millones de trabajadores para defender los intereses de las diferentes oligarquías locales.

La infancia de los hermanos se desarrollaría entre vagonetas de carbón que desfilaban continuamente frente a sus ojos curiosos de niño. Allí serían testigos de una de las primeras huelgas masivas de la historia de Rumania: la huelga minera de 1920 de Lupeni, envuelta en el espíritu revolucionario que agitaba a la clase obrera internacional tras el triunfo reciente de la Revolución Bolchevique en Rusia.

En 1925, su padre, después de 30 años de penurias en su trabajo, es obligado a jubilarse debido a una enfermedad, trasladándose la familia al corazón de Transilvania, la ciudad de Targu Mures, con una pensión que apenas la da para sobrevivir a él y su familia. Los hijos se encuadran rápidamente en las filas de diferentes movimientos revolucionarios, participando en las clases clandestinas desarrolladas por las juventudes comunistas o los sindicatos donde se estudia, se debate y se leen las obras fundamentales para la emancipación de los trabajadores.

En Targu Mures, los hermanos participan en las huelgas y otros actos de agitación realizados como respuesta ante la creciente represión al movimiento obrero por las fuerzas de seguridad rumanas, como el ataque a la residencia estudiantil de Timisoara por parte de la policía en 1929. Trabajan en diferentes fábricas de la localidad, y el hermano pequeño, Danila, sería arrestado en dos ocasiones tras convertirse en miembro de la UTC (Unión de Jóvenes Comunistas).

Imagini pentru brigadistas rumanos
Grupo de brigadistas internacionales rumanos
en España
En 1930, los tres hermanos que acabarían jugándose la vida por la libertad del pueblo español contra el fascismo, se trasladan a Bucarest, tras la prohibición en 1929 de los Sindicatos Unidos y perder el trabajo en Targu Mures. Allí se instalan en el barrio obrero de Tonola, donde las condiciones de vida eran insalubres e insanas, como las de todos los trabajadores rumanos hasta la proclamación de la República Popular en 1948.

Tras el golpe de estado fascista contra el gobierno de la República en España, y el estallido de la Guerra Civil, denunciada por el Partido Comunista de Rumania como una "guerra nacional-revolucionaria", llevando a cabo campañas constantes de apoyo y solidaridad con el pueblo español, los tres hermanos Minor intensifican su actividad militante, participando en las organizaciones juveniles comunistas.

Entre 1937 y 1938 los tres manifestarán su interés de viajar a España a luchar contra el fascismo que, como se vio poco más tarde, no era solo un peligro local para los pueblos españoles, sino para toda Europa, también para Rumania (en la que el terror de la Guardia de Hierro estaba ya extendido en el país y el rey Carol II a punto de instaurar una dictadura real con el gobierno del genocida Mariscal Antonescu, pelele, como Franco, de Hitler y Mussolini).

Lo curioso es que ninguno de los tres hermanos supo que los otros dos también iban a ir a luchar a España, hasta que se reencontraron tras su regreso a Rumania, una vez derrotado el gobierno fascista del rey Mihai I y el Mariscal Antonescu e instaurada la República Popular Rumana.

El primero en llegar a España fue Alexandru. Como había realizado, como sus hermanos, el servicio militar en Rumania, todos en batallones disciplinarios por sus actividades dentro del movimiento obrero, fue enviado nada más llegar a París a la primera linea del frente. Durante la primavera de 1938, las fuerzas fascistas asaltaban, con su fiereza propia de bestias, los territorios republicanos del frente de Aragón y Levante.  En este contexto, llegará Alexandru a primera línea, donde participará en la defensa de Lleida, encuadrado en la Brigada XIII, y en los combates del frente de Levante. Allí seria herido y trasladado al hospital de Vich, donde sería atendido por otro voluntario rumano, el doctor Iancu.

El segundo en llegar fue Danila que, después de estar un tiempo trabajando en las instalaciones ferroviarias en Craiova, ciudad del sur de Rumania, volvió a Bucarest para solicitar su envío a España. Allí sería encuadrado, teniendo experiencia con el uso de ametralladoras, en el Batallón Divisionario, y enviado al Delta del Ebro, a la localidad de Tortosa. En los combates Danila caería herido por un obús, y sería enviado urgentemente al hospital donde estaba su hermano Alexandru. El mismo cuenta que: "fue grande mi sorpresa cuando, tras los primeros auxilios, vi a mi hermano en otra camilla cercana, herido en otro frente. Nuestra alegría fue inmensa".

Foto de la familia Minor
El tercer hermano, Iosif Minor, llegaría un poco más tarde a España, y la emergencia de la situación hace que, apenas sin perder tiempo alguno, sea enviado a Sierra Caballs, en el frente del Ebro.  Sin embargo, pronto es reubicado al servicio de vigilancia de los prisioneros fascistas que, como el mismo escribíó, "no solo caían en nuestras manos en los combates, sino que se entregaban hambrientos y harapientos, desmoralizados y presos del terror por los propios actos de los suyos".

Tras la retirada de las Brigadas Internacionales, en octubre de 1938, los dos hermanos Alexandru y Danila fueron evacuados tras abrirse la frontera francesa, donde, como describe triste el segundo, "nos recibieron para ser encerrados en un campo de concentración".

El tercero de los hermanos, Iosif, permanecería en España hasta la derrota final, como muchos otros brigadistas internacionales que se negaron a dejar de luchar contra el fascismo, encuadrándose en el Ejército Republicano. Finalmente, terminó, como sus hermanos, en los campos de concentración que la "democracia" francesa había preparado para los antifascistas que habían luchado en España.

Les esperaba un largo camino para volver a casa. luchando en las filas de la resistencia francesa antifascista, como sucediera con el resto de los brigadistas rumanos que sobrevivieron a la Guerra Civil en España: seguir luchando contra los nazis y los colaboracionistas en Francia o en las filas del Ejército Rojo hasta la liberación de Rumania y la derrota final del fascismo en 1945.

Los datos sobre los hermanos Minor se han extraido del libro "Voluntari romani in Spania" (Voluntarios rumanos en España), editado en Bucarest por el Instituto de Estudios Históricos y Sociopolíticos del Comité Central del Partido Comunista de Rumania, en 1971.

lunes, 17 de octubre de 2016

"Una victoria": un cuento de Istvan Nagy sobre la emulación socialista

István Nagy nació en febrero de 1904, en la localidad de Cluj,  entonces capital de la Transilvania del Imperio Austrohúngaro. Su lengua materna, pués, es el húngaro. Su familia vivía en condiciones miserables, como la mayoría de los trabajadores de esa época en todo el mundo. Su padre moriría en la guerra interimperialista de 1914, la Primera Guerra Mundial.

Quedando huérfano de padre a los 10 años, Nagy empezó muy pronto a trabajar como carpintero, viviendo en sus propias carnes las precarias condiciones del proletariado de la época interbélica. Después trabajaría también en los astilleros del Danubio, en Galati y Braila. 

Ya desde el año 1919 es activo en el movimiento obrero, formando parte del Partido Socialdemócrata y, después, en 1931, del Partido Comunista de Rumanía. Dentro de sus filas, llevó a cabo una intensa actividad clandestina, siendo arrestado en varias ocasiones..

Tras la toma del poder por la clase trabajadora rumana, Istvan Nagy se puso al frente de los escritores magiares de Rumanía, militando por la creación de un frente unido de escritores en torno al partido, para fomentar y crear literatura socialista. En sus obras se convierte en un ferviente defensor de la fraternidad entre las diferentes nacionalidades de Rumania, y de la lucha contra el nacionalismo y el racismo.

Entre 1950-53 fue rector de la Universidad Bolyai de Cluj (de enseñanza en lengua húngara). Además de su labor de escritor, sigue desarrollando su actividad política, tanto a través de la literatura como formando parte de la Gran Asamblea Nacional. Moriría el 24 de abril de 1977, en su ciudad natal.

Uno de sus textos más conocidos es el titulado "Una victoria", que fue incluído por Miguel Angel Asturias tras su visita a Rumania como parte de su  Antología de la prosa rumana, publicado a finales de los sesenta. En el cuento Nagy trata el tema de la emulación socialista, a la que Lenin daba tanta importancia, porque, según sus palabras, "Hay que deshacer a toda costa el viejo prejuicio absurdo, salvaje, infame y odioso, según el cual solo las llamadas «clases superiores», solo los ricos o los que han pasado por la escuela de los ricos, pueden administrar el Estado, dirigir, en el terreno de la organización, la construcción de la sociedad socialista".

Como también exponía Lenin, en su artículo "¿Cómo debe organizarse la emulación?", la prensa burguesa nunca cejó de atacar a la economia socialista, y también lo hizo con lo que se llamó emulación socialista, base de la toma de control de la clase obrera de la gestión de las fábricas y del propio estado. A veces, la propaganda capitalista la describía como la imposición de la dictadura comunista a los trabajadores, obligados a competir por la cruel tiranía roja, y otras se hablaba, por el contrario, de que los obreros soviéticos no tenían el menos interés de esforzarse en producir más.

Sin embargo, como explicó bien Lenin, "Lejos de apagar la emulación, el socialismo, por el contrario, crea por vez primera, la posibilidad de aplicarla en escala verdaderamente amplia, verdaderamente masiva , crea la posibilidad de hacer realmente que la mayoría de los trabajadores entren en la liza de una actividad que les permita manifestarse en todo su valor, desarrollar sus capacidades, revelar los talentos que en el pueblo forman un manantial inagotable y que el capitalismo pisoteaba, oprimía y ahogaba por miles y millones", y termina afirmando que, "nuestra tarea, hoy con un Gobierno socialista en el poder, es organizar la emulación".

Esas palabras fueron escritas por Lenin justo después del triunfo de la Revolución, de la toma del poder por el pueblo trabajador, lo que señala la importancia que tiene el control obrero de la producción, la participación activa de este en todo el proceso.

"¡Obreros y campesinos, trabajadores y explotados! ¡La tierra, los bancos y las fábricas son propiedad de todo el pueblo! Empezad a llevar vosotros mismos la contabilidad y el control de la producción y distribución de los productos; ¡ese es el único camino hacia la victoria del socialismo, la garantía de su victoria, la garantía de la victoria sobre toda explotación, sombre toda miseria y necesidad! Porque en Rusia bastara trigo, hierro, madera, lana, algodón y lino suficientes para todos, con tal de que se distribuyan bien el trabajo y los productos, con tal de que se establezca un control de todo el pueblo, un control eficaz y practico de esta distribución; con tal de que se venza, no solo en la política, sino también en la vida económica de todos los días, a los enemigos del pueblo: a los ricos y a sus paniaguados y luego a los pillos, parásitos y maleantes".

Organizar la emulación socialista es la forma de que el obrero pueda prescindir totalmente de pillos y de patronos, los dos principales enemigos del socialismo.

En el cuento de Istvan Nagy que presentamos se describe esta lucha, ese esfuerzo de los obreros, en este caso rumanos, para superarse a sí mismos con el fin de mejorar la vida de todos. Por supuesto, la transición no fue fácil, y algunos obreros tampoco entendían esa emulación, algunas veces asimilada como competencia individual, similar a la de los regímenes dominados por la burguesía, donde el obrero esta excluido totalmente de todo control.

Al contrario, como deja entrever Nagy, la verdadera emulación socialista consiste en la competencia contra uno mismo, jamás contra el camarada, en la lucha desde lo personal por el éxito colectivo. Pensar en esa emulación como una competición individual es producto tanto de la propaganda burguesa llegada desde fuera de los países socialistas como de los restos de la burguesía que quedaban por erradicarse durante la construcción del socialismo (mantenida en la cultura, en la ideología y visión del mundo de muchos burgueses e, incluso obreros, o en la concepción del derecho) y por eso ya sentenciaba Marx, en la carta que escribió en 1852 a J. Weydemeyer, que: "En cuanto a mí, no me cabe el mérito de haber descubierto ni la existencia de las clases en la sociedad moderna ni su lucha entre sí. Mucho antes que yo, algunos historiadores burgueses habían expuesto el desarrollo histórico de esta lucha de las clases y algunos economistas burgueses la anatomía económica de éstas. Lo nuevo que yo he aportado ha sido demostrar: 1) que la existencia de las clases sólo va unida a determinadas fases históricas de desarrollo de la producción; 2) que la lucha de clases conduce necesariamente a la dictadura del proletariado; 3) que esta dictadura no constituye de por sí más que el tránsito hacia la abolición de todas las clases y hacia una sociedad sin clases".

Esa dictadura del proletariado es necesaria para acabar, limpiar, desmontar todos esos restos de la burguesía que no pueden eliminarse automáticamente, y supone un proceso duro, contradictorio y largo, pues, como también explicó Lenin, "La burguesía tiene sus razones para hacer tentativas de restauración, porque después de su derrocamiento sigue siendo, durante mucho tiempo todavía, más fuerte que el proletariado que la derrocó (...) La pequeña producción engendra capitalismo y burguesía constantemente, cada día, cada hora, de modo espontáneo y en masa. Esto ocurre también con una parte de la clase obrera y una parte de los miembros del Partido. Tanto entre los proletarios como entre los funcionarios de los organismos oficiales hay quienes incurren en el estilo de vida burgués" (citado por Stalin, en Cuestiones de Leninismo, IV, La dictadura del proletariado)

De ahí la necesidad de la emulación socialista, para hacer participe a los trabajadores de su importancia tanto en la fábrica, como en el campo, como en las decisiones políticas; de ahí la necesidad de la alerta revolucionaria constante, tal y como entendió a la perfección Mao Tse Tung al poner en marcha la Revolución Cultural y al buscar continuamente cómo llevar a la practica una dictadura del proletoriado más eficaz después del triunfo de los restos de la burguesía, convertida en élite del partido, en la Unión Soviética y su triunfo, como si se tratara de piezas de dominó, en casi todo el campo socialista (menos China, Albania y Corea). En definitiva, para terminar con palabras de Lenin en su llamado a la emulación socialista,

"Esta es una verdad que los obreros y los campesinos han de tener muy presente. Deben comprender que hoy todo radica en la práctica, que ha llegado precisamente el momento histórico en que la teoría se trasforma en práctica, se vivifica por la práctica, se corrige por la práctica, se comprueba por la práctica, y en que son particularmente exactas las palabras de Marx de que «cada paso de movimiento real vale más que una docena de programas»; toda acción que tiende prácticamente a parar los pies de un modo efectivo a los ricos y a los pillos, a limitar sus posibilidades, a someterlos a una contabilidad y a un control rigurosos, vale mucho más que una docena de admirables disertaciones sobre el socialismo, porque «la teoría es gris amigo mío, pero el árbol de la vida es eternamente verde» (Palabras de Mefistófeles, en Fausto de J. W. Goethe)

Hay que organizar la emulación entre los organizadores prácticos obreros y campesinos. Hay que combatir toda tendencia a crear formas estereotipadas y a establecer la uniformidad desde arriba, a lo que son tan aficionados los intelectuales. Las formas estereotipadas y la uniformidad establecida desde arriba no tienen nada que ver con el centralismo democrático y socialista. La unidad en los problemas fundamentales, cardinales, esenciales, lejos de verse perjudicada, está asegurada por la variedad en los detalles, en las particularidades locales, en las formas de abordar la práctica, en los modos de aplicación del control, en los métodos de exterminar a los parásitos (los ricos y los pillos, lo haraganes y los intelectuales histéricos, etc., etc.) y de hacerlos inofensivos".

***


Istvan Nagy, Una victoria

Entremos allí.

Al llegar, una tromba de polvo resinoso, amarillento, de sabor amargo nos envuelve, como si estuviéramos en un molino. Telas de arañas grises cuelgan del techo. Todo parece envejecido, gris. Desde los basamentos de las máquinas pintadas de negro, hasta los rayos del sol que se filtran por los vidrios de las ventanas con rejas. Un polvo blancuzco enharina a los obreros inclinados sobre sus máquinas, pero no son molineros, son carpinteros, y no es grano lo que ellos desmenuzan, sino madera con la que alimentan sus máquinas. Ellas devoran cada día el equivalente de una pequeña floresta de pinares y suministran las tablas que, bien trabajadas, se transformarán en marcos de ventanas, de puertas, que sólo tendrán que ser ajustadas y encoladas en los talleres vecinos.


El contramaestre Mihaylks, el abuelo Mihaylks, como lo llaman familiarmente, es el guardián y el protector titular de las máquinas, la nodriza, le dicen los obreros. Se le ve ir de una a otra, aguzando el oído para controlar los ruidos cambiantes. Conoce el significado de la menor variación en cada motor y percibe en seguida cuál está siendo forzado. Es el responsable de nueve máquinas. Piensa en ellas aun de noche, temiendo sin cesar que pueda sucederles algo. Conoce el punto débil de cada motor. El resorte que debe ser reemplazado, la correa de transmisión que hay que componer o acortar.

Defiende sus máquinas y sería capaz de pelear por ellas. Podría llegar al crimen por una garlopa mellada.

Aparte de sus máquinas, el abuelo Mihaylks es un hombre bonachón. En las reuniones apenas si se oye su voz. En su casa nunca regaña a sus hijos y nunca los castiga. Pero en lo que toca a sus máquinas es implacable. No tolera que las maltraten. Quisiera ver salir de las garlopas mecánicas tablas tan lisas que ya no necesitaran pulimiento, que de inmediato pudieran ser pintadas y barnizadas. Cuánta economía de tiempo y papel esmerilado, a condición, desde luego, que el abuelo Mihaylks realizara su sueño.

¿Pero qué sucede con esas desdichadas tablas? Basta que un cribador o un aserrador descuidado, llegado de afuera, ponga sus zapatos llenos de arena sobre alguna de ellas, para que ya en la máquina la madera melle la cuchilla. Sin contar con los entorpecimientos causados por la guerra. Hace cuatro años que terminó en esa región, pero aún hoy se sienten sus consecuencias. Cuando se empieza a cepillar o aserrar una pieza de madera sin defecto aparente, de pronto el acero del cepillo lanza una chispa, o la hoja de la cuchilla se rompe, debido a una astilla de granada o un pedacito de plomo incrustado en la madera: esos bárbaros hitlerianos cribaban de balas los árboles durante su retirada.

Mihaylks previene constantemente a los aserradores:

—¡Ojo, ojo, Peter Kese... cuidado con las balas!

Hace las mismas recomendaciones a los manipuladores, pero éstos no son cuidadosos, además no tienen tiempo de examinar y de sacudir bien la madera destinada a las máquinas, dado que los aserradores, Peter Kese sobre todo, trabajan a un ritmo cada vez más endiablado y apenas si los manipuladores pueden seguirlos.

Pero, además, ¿por qué tanta prisa? De todos modos nunca alcanzarán a vencer al equipo de Dezso Balint. Desde que ese Balint, con su aire tranquilo, imaginó ese aparato de dibujo, su equipo está a la cabeza de todas las emulaciones. Construyó un tablero, una especie de mesa provista de un bastidor móvil alrededor de un eje, y en ese bastidor fijó doce cuchillas de acero. Basta un simple movimiento de brazo para que el instrumento marque de una sola vez, sobre el marco de la ventana, el lugar de dos muescas y dos espigas. Antes había que dibujar esas marcas con lápiz, de tal modo que la nueva invención permite ganar mucho tiempo, sin contar la economía de lápiz, a lo que se agrega que el trabajo es mucho más preciso. El obrero que antes tenía que hacer este trabajo, ahora se puede emplear en la perforadora número 2.

Desde entonces el banderín rojo de los ganadores en la campaña de emulación socialista flota encima de la cabeza de Balint. Fijado sobre un travesaño, luce en medio de un torbellino de polvo, o mejor dicho luciría, porque el polvo de las aserradoras lo ha recubierto. Hora tras hora se va poniendo blanco, pero Balint lo sacude también hora tras hora, y lo limpia del aserrín que se va depositado encima, y de nuevo el banderín rojo flamea a los ojos de los obreros, que cortan los troncos y transportan la madera aserrada en tablas. Es a la vez una advertencia estimulante, que les recuerda que están en la cola de la competencia. En verdad, los equipos que trabajan en las perforadoras, en las escopladoras y en los "chassis" han sido citados en los diarios como sobresalientes en el trabajo por pieza. Y su paga se ha acrecido. Dezso Balint tuvo también una prima importante e invitó a todo su equipo a festejar el acontecimiento. Desde entonces se ha moderado un poco el tren de producción, porque llegan fácilmente a utilizar toda la cantidad de material que le está asignado, mientras que el grupo de los aserradores y los obreros auxiliares se desloman tratando de alcanzarlos. Aunque el trabajo está juiciosamente repartido, no consiguen inventar algo que les permita mejorar su rendimiento. Para hacerlos rabiar, Egyed Joska tiene el maligno placer de cantarles de tanto en tanto:

—Qué quieren hacerle, muchachos, para eso se necesita seso, y eso es lo que les falta.

Cuando lo oyen, los aserradores se ponen furiosos. ¡Pobre Peter Kese! Antes de la invención de Balint pasaba por ser el mejor obrero del taller. Conocía su oficio y ahora tiene que soportar tal afrenta. "Esperen, ya van a ver...", dice, y se le ven temblar los músculos de su cara flaca y angulosa, pero no agrega una palabra más. Sus compañeros hacen lo mismo que él y se apresuran uno tras otro en una persecución silenciosa. Quisieran poder sepultar el tablero de Balint bajo un montón de tablas y de planchas. Hacen, en su trabajo, todo lo que es humanamente posible. El primer hombre del equipo viene a la carrera hacia la aserradora circular, con un largo madero sobre la espalda, como una minúscula hormiga llevando un fósforo. Con un gesto preciso, el segundo hombre, Peter Kese, toma el madero por un extremo y lo corta en seis trozos de igual longitud, que caen con un ruido sordo sobre el piso de hormigón. El hombrecito que los transporta arriesga a cada instante la mano entre las pedazos que caen. Pero ese hombre pequeñito, que para tener aire más viril se ha dejado crecer un bigote de gato, es rápido como un hurón y sin desfallecer un instante recoge los tacos al vuelo y los lleva a la carrera a la segunda aserradora, máquina que los corta a lo largo. El que maneja la segunda aserradora, está hundido en el aserrín hasta media pierna. Su gorra, sus espaldas, sus cejas enmarañadas, todo está cubierto de una espesa capa de polvo. Éste es el que da más trabajo al abuelo Mihaylks: masacra, destroza literalmente las sierras. El disco de la sierra que la velocidad hace casi invisible se detiene frecuentemente, y cada vez la correa resinosa patina sobre el eje humeante. Un quinto hombre transporta las tablas a la devastadora de Borza Janos y regresa apresuradamente a la sierra. El aserrín llena sus zapatos. Le penetra por boca y narices. Estornuda violentamente, pero no tiene tiempo de sonarse. Las dos primeras máquinas vomitan sobre él sus piezas de madera. La tercera empuja las suyas, y el montón sube sin cesar. Y Peter Kese le grita:

—¡Mueve tus piernas, hermano! Dentro de poco no se te va a ver, bajo el montón de material.

Un vozarrón resuena en el amplio espacio del taller. Los hombres de Balint guiñan el ojo. Ellos no necesitan apurarse ni que los apuren. Entre ellos todo marcha como sobre ruedas. Su tarea es tanto más fácil cuanto que no están enceguecidos por el aserrín y la viruta, como el recogedor de la cepilladora. Este pobre hombre inútilmente se baja la visera de la gorra sobre los ojos y se abotona la camisa hasta el mentón. Las pequeñas astillas de la madera, mezcladas al polvo, se introducen por el cuello cerrado, se le deslizan por el pecho, se le acumulan en la cintura y le carcomen la piel como una sarna. Y le llegan algunas veces hasta la boca.


Los cilindros de la cepilladora lanzan sin cesar tablas de igual espesor. Si no se sacaran a tiempo de la pila que forman, ésta se desmoronaría sobre las piezas que van saliendo. La máquina se detendría. El motor se pondría a golpear y en seguida el abuelo Mihaylks correría blasfemando hasta perforar los tímpanos.

—¿Qué hacen, asesinos? ¡No tienen piedad de esa pobre máquina! ¡Creen que ella no siente! Si arruinan ese motor, los mato.

Gritaba mucho menos en otro tiempo. Ellos tampoco se preocupaban cuando las máquinas se paraban. A veces las descomponían ellos mismos, para poder descansar un cuartito de hora, que aprovechaban para fumar un cigarrillo en los watter, mientras el mecánico, echando maldiciones, tenía que aceitar los cojinetes recalentados.Después de todo sólo recuperaban un poco de la plusvalía que la casa Binder e hijos les trampeaba.


Hoy, al entrar a la sala de máquinas, la mirada es atraída por un aviso en grandes letras: "Participamos en la EMULACIÓN SOCIALISTA".

Los recogedores corrían de una máquina a otra. Cuando una esquirla se incrustaba en la palma de su mano, no se entretenían como antes en sacarla despaciosamente con la punta de su cortaplumas. A menos que la esquirla hubiera penetrado en la carne viva, ellos esperaban la pausa de mediodía o bien de la noche, soportando pacientemente el dolor. No tenían tiempo. Estaban empeñados en ese concurso y todos sabían lo que eso quería decir. Peter Kese les había ya explicado bien de qué se trataba.

Peter Kese pasó sus vacaciones en Sovata, y lo que cuenta de Sovata y los alrededores es increíble. Allí el pueblo laborioso se baña en el lago. No como en el tiempo de los señores, en que sólo las mujeres de los fabricantes y otros haraganes de la misma especie se zambullían. Las cuatro semanas que Kese pasó en Sovata fue un encantamiento que sobrepasa todo lo que se pueda imaginar. Es una antesala del mañana, explica Peter Kese, regocijándose.

Pero Samor Borza se complace en molestarlo. Quién sabe si el año que viene Balint no te desaloje también del lago de Sovata...

—A mí, jamás..., exclama Kese, y una oleada de sangre colorea su cara pálida.

Mientras habla, ha empujado un madero bajo la cuchilla con tal violencia que el abuelo Mihaylks viene a toda carrera con los brazos al cielo.

—¡No vayas a estropear tu máquina, Peter! Si la correa se rompe es una catástrofe. ¡Qué gente, Dios mío, qué gente!

La competencia dura ya dos semanas, sin que el equipe de Kese hubiera conseguido sobrepasar al equipo de Balint, hecho invencible por el famoso aparato de dibujar. Sólo una innovación permitiría superarlo, ¿pero cuál? Esa idea obsesiona a Peter Kese de día y de noche, pero inútilmente inspecciona con la mirada ansiosa el taller y las máquinas. Nada se le ocurre. Lee en las caras extenuadas de sus compañeros, y calcula por su propia fatiga, que no podrán seguir mucho tiempo en ese ritmo. Tampoco las máquinas resistirían. Y sin embargo Peter Kese se obstina en querer tentar lo imposible.

Cuando se acerca el mediodía, Denes Kiss, el hombrecito de bigotes de gato, corre con su carga de madera sobre la espalda, y de pronto se lleva la manos a los ojos titubeando como, un borracho:

—¡Socorro!, compañero Borza. ¡Tengo algo en el ojo, no veo nada!

—Ahora sí que la competencia está perdida, gruñe Borza, dejando su máquina.

Lleva a Kiss cerca de una ventana, se limpia bien las manos, saca un pañuelo, lo sacude, retuerce una punta y empieza a explorar el ojo de Kiss, éste parpadea y las lágrimas corren por sus mejillas, dejando huellas en el polvo que las cubre.

—Y bien, ¿qué hacen allí?, dice con impaciencia Feri Beke, que espera frente a su cepilladora.

Tiene las sienes blancas, aun cuando está limpio, pero lo siguen llamando Feri, y el abuelo Mihaylks lo llama "Mi pequeño Feri". Volviéndose a los dos hombres chilla:

—No tengo nada que echarle a mi máquina, Janos. Con una mano empuña encolerizado la manivela y con la otra desembriaga el motor. Y se va a trabajar a la desgastadora.

Arrancándose del montón de desechos de madera, su ayudante aprovecha para tomar aliento. Se sacude el aserrín acumulado en su cintura y, juntando un montón de viruta, se deja caer encima.

Por el momento no hay nada que hacer. El trabajo está organizado en tal forma que si uno de ellos se para, todas las máquinas se inmovilizan. Borza empleó más de un cuarto de hora para extraer del ojo de Kiss una minúscula astilla de madera. Mientras tanto el equipo de Balint tuvo también que detenerse por falta de material, mientras que los maderos se amontonaban cerca de la sierra de Kese, quien a su vez se vio obligado a parar su máquina hasta que llegaran a sacar la madera aserrada que lo estorbaba. Maldecía y juraba. Cuántas veces él había reclamado al sindicato la necesidad de proporcionarles anteojos protectores a los obreros. Volvería a dirigirse a la directiva sindical, y si era necesario a la regional del partido para que se tomaran las medidas indispensables. ¿Cómo podría llamarse a eso una emulación socialista? 

Sus refunfuños se perdían en el ruido de las máquinas que retomaron su ritmo. Hasta tarde en la noche, en que se logró recuperar el retardo provocado por el accidente.

Al día
 siguiente, los hombres de Kese, descansados y más decididos aún, retomaron el trabajo con la esperanza de poder ganarle el primer lugar al equipo de Balint. Al cabo de una media hora tres cepilladoras tuvieron sus cuchillas dañadas por esquirlas de piedras traidoramente incrustadas en la madera. Borza hubiera querido seguir, pero el abuelo Mihaylks detuvo el motor.

—¿Hubieras tenido el coraje de trabajar con una cuchilla mellada? ¿A ti no te importa que los "chassis" salgan de nuestras manos con dos burletes gruesos como dos morcillas? No, no, muchachos, no sólo ustedes cuentan. También yo tomo parte en la emulación. Y recordando lo que había oído en las sesiones, agregó con tono sentencioso: ¡Ustedes jamás piensan en la calidad, compañeros!

Se empleó una media hora en reemplazar las cuchillas deterioradas, y durante ese tiempo nuevamente se detuvo todo el taller. Se engrasaban los cojinetes aunque no hubiera necesidad. Joska Egied aprovechó este respiro para reclamar a los aserradores por su falta de cuidado en el control y cepillado de las tablas.

Peter Kese se mordía los labios. Sabía bien que era a él a quien se dirigían esos reclamos, pero si se hubieran puesto a buscar granos de arena con una lupa, esto haría que perdiera más terreno su equipo frente al de Balint, lo que le alejaría la posibilidad de poder reconquistar el ansiado banderín. Tenía que conquistarlo aunque fuera a costa de su vida. Si no lo lograba esta semana, lo que ya parecía imposible, la semana siguiente tendría que inventar algo a cualquier precio.

Durante la pausa de mediodía, observó con inquietud que los hombres de Balint concertaban algo en voz baja. Quizás preparan alguna otra innovación, se dijo. Así lo hicieron cuando el invento del aparato de dibujar. Sin duda, Balint está imaginando una nueva innovación.

Encaramados sobre los troncos, el equipo de Balint estaba reunido a su alrededor. Sin duda hablaba de una innovación a sus hombres, mientras comía como siempre tomates o pepinos, pues era vegetariano. Pero esta vez la innovación que imaginaba Balint iba destinada a las aserradoras. Balint había visto la víspera una película soviética en la que el carbón de las minas era transportado con la ayuda de un especie de transportador móvil. Esa idea, ¿por qué no iba a ser aplicable a sus máquinas? Habría que instalar un deslizador delante de las aserradoras. Las piezas de madera se encaminarían en esa forma, de la primera sierra circular a la primera cepilladora, sin ninguna operación manual, lo que permitiría liberar de una vez cuatro hombres. Uno de éstos podría entonces emplearse en la desvastadora, mientras que los otros limpiarían los troncos de la arena. En esta forma se evitaría mellar las sierras y por lo tanto no habría paros en el trabajo, ni las astillas de madera saltarían a los ojos de los trabajadores, provocando menos accidentes. De un golpe, el sueño del abuelo Mihaylks se encontraría realizado, pues ya no serían deterioradas, sus sierras.

—Su sueño, seguramente, retrucó Marton Hiedeg, un obrero largo como un día sin pan, que trabajaba en la escopladora. Pero no hay que olvidar, agregó, que con esa innovación el equipo de Kese tomará tal avance que pronto seremos sobrepasados y ni el mismo Dios podrá vencerlos. Y diciendo esto sus ojos se tornaron amenazantes.

—No hay que olvidar, tampoco, que la bandera de la emulación la perderíamos, adujo Karoly Sos.

—¿Para qué romperse la cabeza, compañero Balint?, exclamó con buen humor Joska Egyed, al que por la forma de su cara le llamaban "cabeza de tártaro". Si usted les construye ese deslizador, ellos nos van a llevar por delante, y ya tenemos bastante trabajo para mantenernos en el primer lugar con las perforadores.

—No se preocupen, yo inventaré alguna otra cosa para nuestro equipo, dijo Balint, en tono conciliador, mientras mordía una mitad de tomate, saboreado por él como el más delicioso pedazo de carne asada.

Lanzó en seguida una mirada de soslayo hacia el equipo de Peter Kese y exclamó:

—¡Pobres, miren en qué estado están! ¡No se les puede dejar así! Sin contar con que están muy atrás nuestro. Sí, ya tengo hecho el dibujo para ellos.

—Mejor sería comenzar por hacer uno para nosotros y después ocuparse de ellos, reclamó Egyed.

Balint lo miró irritado.

—Quieres discutir a todo precio, dijo Balint levantándose. Hay que pensar, además, que nosotros mismos nos hacemos daño si no los ayudamos.

Sin esperar más, se apeó del tronco donde estaba sentado y balanceando su pesado cuerpo se dirigió por entre los trozos de madera hacia donde estaban Peter Kese y sus compañeros. Sentados a la sombra sobre una gran pila, como si lo hubieran hecho adrede, todos comían salchichones cortándolos con sus navajas en gruesas rodajas.

Balint se detuvo frente a Kese y viéndolo comer así le aconsejó:

—Deberías agregarle un poco de cebolla a tu salchichón.

—Dejamos el forraje para los rumiantes, replicó Kese con aire de burla.

Balint, como todo vegetariano, estaba acostumbrado a estas bromas pesadas y no se disgustó. Luego, se puso a explicar tranquilamente el proyecto que había concebido. Era de una simplicidad que a cualquiera hubiera dejado estupefacto y, al enunciar la idea del deslizador, hizo que los aserradores abrieran enormes ojos y que se quedaron paralizados con los cuchillos en el aire, olvidándose de cortar o tragar el salchichón. El rostro pálido de Kese se enrojeció. Inmediatamente había comprendido las ventajas del proyecto, pero lo ahogaba la idea de que a ninguno de ellos se le hubiera ocurrido aquella solución y se preguntaba si todos estaban, en verdad, desprovistos a tal punto de inteligencia y que sólo Balint era capaz de inventar cosas. Será nuevamente de él de quien hablarán los periódicos y una vez más será él el que embolsará la prima, un pobre diablo que no vive más que de tomates y pepinos, mientras que sus tres hijos comen carne todos los días. Lo mordía la envidia. Una luz alumbró sus ojos grises y a pesar de eso exclamó:

—Su innovación viene muy tarde, compañero Balint. Y como requiriendo la aprobación de los trabajadores de su equipo continuó: Hace mucho tiempo que nosotros habíamos pensado en un dispositivo igual, y justamente esta noche pensábamos hablar de ese asunto al director del taller y al abuelo Mihaylks.

Balint palideció. Escrutó las caras embadurnadas de polvo y aserrín. Ante su asombro y sus miradas confundidas, comprendió que Kese mentía descaradamente. Esperó un momento a que los obreros desaprobaran lo dicho por aquel impostor, porque la verdad, le repugnaba tener que ser él mismo quien defendiera su idea. No le gustaba discutir y menos cuando la discusión podía degenerar en una disputa seria. Tironeaba maquinalmente su blusón, pues la verdad es que no tenía condiciones de orador.

Si es así, dijo desalentado, me alegro que hayan tenido ustedes la misma idea. Después de todo no se trata de nada trascendental, sino de una simple deslizadora. Lo que urge es que ustedes pongan manos a la obra, y en lo que les pueda ayudar cuenten conmigo.

—Nosotros podemos arreglarnos solos, interrumpió Kese, con voz ronca, en la que se adivinaba una secreta aprehensión.

Balint ya no tuvo más qué decir, quedóse un instante indeciso y después se retiró sin prisa.

Los aserradores rodearon a Kese, mirándole con reproche.

—¿Fuiste tú en verdad quien tuvo primero esa idea?, le preguntaron.

Kese, que un momento antes estaba casi arrepentido de su audacia, se sintió picado en lo vivo por la desconfianza de sus compañeros y respondió con brusquedad:

—¿Y por qué no podía yo tenerla? ¡Vaya una cosa! Todos sabemos que es necesario cambiar nuestras máquinas, esta noche nos quedaremos trabajando y mañana tendremos los deslizadores instalados.

Janos Borza observó incrédulo:

—Si es así ¿por qué nunca nos habías hablado antes de esa idea? y diciendo esto terminó de limpiar el cuchillo para deslizarlo en su bolsa,

—Yo quería hablarles precisamente hoy..., respondió Kese, mirando hacia el equipo de Balint, donde discutían acaloradamente.

Balint había referido a sus compañeros la acogida que acababa de hacerle Kese, y ese era el motivo de la discusión entre ellos. Se negaban a creer que Kese fuera capaz de inventar algo y trataban a Balint de gallina mojada, reprochándole el que se hubiera dejado ganar la partida sin decir nada. Bien se ve que se alimenta de verduras, que tiene sangre de nabos en las venas.
Balint recibía los reproches sin contestar. Se decía a sí mismo que en su cabeza bullían muchas ideas y que por eso no debía alarmarse de que la gente le robara alguna y se vistiera de méritos con ella. ¿De qué le serviría a Kese haber hecho aquello? Balint meditaba en ese momento un gran proyecto, estaba imaginando una máquina universal para el trabajo de la madera, máquina que ejecutaría sucesivamente todas las operaciones: corte y cepillado de las tablas, perforaciones, montaje y pulido de los chassis. En su casa pasaba la mayor parte del tiempo dedicado al estudio y preparación de su proyecto y que llegara el día en que la industria del país estuviera más avanzada, para poder echar fuera todas las viejas máquinas. Ese día, él realizaría su plan. ¿Por qué ponerse a hacerle la guerra a Meter Kese? La única curiosidad era saber ¿cómo iba a realizar la deslizadora?

Kese buscó al abuelo Mihaylks para exponerle la idea y pedirle su ayuda. Él mismo no era un obrero calificado, además le faltaba experiencia en esa materia. El abuelo Mihaylks lo escuchó atentamente. Las puntas brillantes de cinco capuchones de lápices salían del bolsillo de su blusón como si ellos también escucharan. El mecánica que había en Mihaylks despertó y, lanzando la gorra al suelo, exclamó:

¡Qué idea feliz Peter, que gran idea! Vamos enseguida a ponerla en práctica. Déjeme hacer a mí. Lo esencial en todo esto es la idea, lo demás viene solo. En ese mismo momento se pusieron manos a la obra y trabajaron toda la noche. Kese no esperaba que Balint vinera a pasar la noche con ellos. Al principio éste se conformó con verlos trabajar, esperando que le pidieran consejo. Pero en seguida no pudo soportar y empezó a hacerles sugestiones a cuales más útiles. A la mañana siguiente todas las máquinas estaban ya conectadas con deslizadores y no formaban sino una sola cadena, una sola máquina. Los obreros quedaron disponibles, uno fue destinado para ayudar a Borza en la desvastadora, en tanto que otro, provisto de un cepillo metálico, se encargó de sacudir los granos de arena que ponen en peligro las sierras y de inspeccionar cuidadosamente cada pieza de madera a fin de ver que no tuvieran esquirlas de piedra. Sobre las deslizadoras la madera corría que daba gusto. Los obreros de los talleres vecinos vinieron a admirar la maravilla. El comité de la fábrica fue convocado para esa misma noche a una reunión, en la que iba a entregar a Kese el banderín de la emulación.

El abuelo Mihaylks no acababa de felicitar y estrujar la mano de Kese. Lo que más le halagaba, es que con aquella invención se había cumplido su sueño, que las tablas que salían de las máquinas fueran nítidas y pulidas como un espejo. Pero aparte del abuelo Mihaylks, ningún otro de los obreros del taller felicitó a Kese, ni siquiera los de su propio equipo. Las felicitaciones no le habrían dado satisfacción, dado que él tenía sobre su conciencia el peso de que la invención no era suya, tuvo el mismo sentimiento que cuando niño iba al examen de fin de año con los zapatos de tacones altos de su madre, para no llegar a la escuela descalzo frente a sus compañeros que iban todos bien calzados.

Su remordimiento e inquietudes aumentaron al ir llegando la noche. Se presentaron algunos reporteros para entrevistarlo y fotografiarlo; Kese se ocultaba tras de una pila de tablas y no se atrevía a mostrarse a los obreros que llegaban de otros talleres a ver su invento. El sudor bañaba su frente, cada vez más abundante y más frío. Sentía cólera contra Balint. ¿Por qué se dejó robar la idea, ese hombre? Y no se explicaba porqué, para colmar la medida, Balint había venido a darle una mano en la construcción de la deslizadora. ¿Lo haría por hacer méritos? ¿Por demostrar a los otros que él no es como todos, que para él lo importante era el triunfo y mejoramiento del taller, del país, y lo demás no contaba?

"¿Seré yo capaz de hacer otro tanto? Sería yo capaz de dejarle a Balint el lugar de preferencia?", se preguntaba, y se contestaba con cólera: "No, yo no sería capaz, por nada de este mundo".

Resueltamente salió de su escondite, apartó a los obreros que lo buscaban y se dirigió directamente al presidente del comité de la usina, que estaba reunido con los otros miembros. Se recoge las mangas del chaleco roído y le llama desde la puerta:

—Compañero Kadar, le dijo, quiero pedirle una cosa: que no pronuncie mi nombre en esta reunión, o bien, caso que lo pronunciara, que sea para decir que yo no soy más que un ladrón. Me marcho y no volverán ustedes a oír hablar de mí.

Sandor Kadar no podía crer lo que oía, al escuchar a Kese que, venciéndose a sí mismo, revelaba esta desagradable historia.

—A buena hora viene usted. Cómo vamos a salir de ésta, hemos anunciado su nombre en todas partes, y el comité regional ya está enterado.

—Si es así, hay que rectificar compañero Kadar, hay que rectificar aunque yo me rompa la cabeza, gritó Peter Kese.

—Eso no, alzó la voz a su turno Kadar. No dejaríamos que usted se rompiera la cabeza. Felizmente que usted rectificó a tiempo, déjeme ahora. Vamos a la reunión. Nos están esperando.

Y diciendo esto, Kadar salió con paso decidido. Montó sobre una pila de troncos y reunió con un gesto a los obreros que esperaban que se declarara abierta la reunión y después de un breve preámbulo, abordó él así el asunto.

—Compañeros, dijo levantando la voz, debo anunciar a ustedes que Peter Kese ha desmentido hace un momento la noticia según la cual era el el autor de la innovación en las aserradoras. Él simplemente ayudó a la realización. La idea inicial —y Kadar tendió el brazo hacia los obreros mudos de asombro— la idea fundamental pertenece a Dezso Balint. Pero el honor de esta nueva realización no le corresponde solo a él, sino a lodos los de la sala de máquinas. Cada uno se esforzó en la obra, unos atrajeron a otros y es así como la idea de Balint pudo dar sus frutos. En efecto, el principal mérito corresponde a nuestro Partido, que lucha porque nosotros podamos gozar de plena libertad en innovaciones como ésta.

Los aplausos entusiastas de los obreros cubrieron estas palabras. Kadar continuó hablando unos momentos, en tanto que en la cabeza de Peter Kese todo se confundía. Estaba allí con la cara inclinada, el aire sombrío, sin moverse de la entrada del taller, pues no se había dado cuenta que la reunión acababa de terminar.

Bruscamente salió de su postración al ver delante suyo a Balint que lo abrazaba calurosamente, en tanto sus compañeros de la sala de máquinas le tomaban las manos. Todos tenían las caras alegres, los ojos amigos y le dirigían palabras alentadoras. El más entusiasta era Joska Egyed. Apartando a los otros y tomando la mano de Kese gritó alegremente:

—¡Qué gran tipo Peter, lo que acabas de hacer vale tanto como la victoria del compañero Balint!

jueves, 13 de octubre de 2016

Manifiesto enviado por los voluntarios rumanos de las Brigadas Internacionales a los trabajadores de su país

En la guerra antifascista española, la conocida como Guerra Civil, verdadera antesala de la Segunda Guerra Mundial,  participaron más de 500 voluntarios rumanos, jóvenes comunistas que no dudarón en marchar a España para defender al pueblo español de las garras del fascismo, sabiendo que la amenaza era realmente para toda Europa, para todo el mundo.

Imagini pentru voluntarios rumanos en españa
Grupo de artilleros rumanos en 1937, entre ellos Valter Roman
y Nicolae Cristea
Las comunicaciones entre el Partido Comunista Rumano y los voluntarios en España fueron continuas; muestra de ello es el manifiesto enviado a Rumanía desde el Frente de Guadalajara, fechado el 15 de marzo de 1937, en el que los brigadistas del grupo rumano de artillería escribían:

Nuestra voz se levanta desde España, donde el pueblo lucha con energía y valor contra los generales traidores, contra Hitler y Mussolini que invaden España con el afán de incendiar el mundo entero.

Nosotros, los trabajadores e intelectuales rumanos, demócratas, socialistas, comunistas y sin partido, estamos unidos bajo una sola bandera: bajo la bandera de la justicia y la democracia. Nuestra lucha aquí, en España, no es otra que la lucha del pueblo español por la libertad y la paz.

Estamos orgullosos de levantar junto al pueblo español la bandera de nuestros antepasados Avram Iancu, Horia, Cloșca, Crișan, Tudor Vladimirescu[1] y de todos aquellos que cayeron en el combate contra la opresión social y nacional y por el libre desarrollo de todos los pueblos del mundo (…)

Nuestra lucha aquí, en la avanzada de la democracia mundial, debe completarse con vuestra lucha de todos los días. La consigna de los mineros asturianos ¡Unios, hermanos proletarios! debe ser una brújula también para la clase trabajadora rumana (…)

La victoria del pueblo español será también nuestra victoria.

A todos aquellos que pretenden destruir los más elementales derechos de los hombres, nosotros, los rumanos, les gritamos desde las trincheras de la libertad: ¡No pasarán![2]

(Fragmento extraido de Bajo el cielo de España, del brigadista rumano Valter Roman)


[1] Horia, Cloșca y Crișan son los sobrenombres de tres campesinos valacos que dirigieron la gran rebelión campesina de 1784 contra la nobleza húngara de Transilvania. Tudor Vladimirescu (1780-1821) fue el héroe de la revolución valaca de 1821, enfrentada al poder fanariota otomano y a los boyardos rumanos locales. Avram Iancu (1824-1872) fue uno de los revolucionarios más destacados del 48 rumano. [N. de los t.]
[2] En rumano en el original: “Pe aicea nu se trece”.
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